En el tranquilo caserío de Succhapampa, donde los vientos forman pequeños remolinos de polvo al caer la tarde, se levanta el Galpón El Remolino, orgullo de Don Adolfo Infantes. Durante años, Don Adolfo soñó con tener un espacio dedicado al cuidado y crianza de cuyes, un animal indispensable en la tradición y el sustento de muchas familias de la zona.
Su sueño comenzó con solo unas cuantas parejas de cuyes y un pequeño cobertizo. Pero con esfuerzo, paciencia y el apoyo de su familia, construyó un galpón amplio, ordenado y lleno de vida. El sonido suave de los cuyes, mezclado con el viento que pasa entre las tablas del galpón, se convirtió en la melodía diaria de Don Adolfo.
El Galpón El Remolino no solo es un negocio; es un símbolo de dedicación. Allí, cada cuy recibe alimento fresco, buen cuidado y un ambiente limpio. Gracias al trabajo constante de Don Adolfo, su galpón se ha convertido en referencia para otros criadores del caserío, quienes ven en él un ejemplo de esfuerzo y mejora continua.
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